Nos interesan los factores que por expresar una situación de injusticia, constituyen una amenaza positiva contra la Paz en nuestro país y en toda Latinoamérica.
Entendemos por injusticia, aquellas realidades que expresan una situación de pecado, es decir, de marginación y exclusión graves; de enormes cantidades de personas hermanos nuestros.
1.- Diversas formas de marginalidad.
Socioeconómica, política, cultural y religiosa, tanto en lo rural cuanto en lo urbano.
2.- Desigualdad excesiva.
Entre las clases sociales, en especial en aquellos países, que se caracterizan por un marcado biclasismo.
Pocos tienen mucho (cultura, riqueza, poder y prestigio) y muchos tienen muy poco…y cada vez menos.
Pablo VI describía así la realidad: “…el desarrollo económico y social ha sido muy desigual en Latinoamérica, pues ha favorecido a quienes lo promovieron y ha dejado de lado las masas de las poblaciones nativas, abandonadas y cruelmente explotadas.
3.- Frustraciones crecientes.
Las expectativas crecientes, asumen en Latinoamérica una dimensión especialmente agresiva. La razón es: la realidad trágica de desigualdades excesivas, que impiden la satisfacción de las legítimas aspiraciones, de los sectores desheredados.
Se generan ante este panorama frustraciones crecientes. Este estado de ánimo frustrado se da en las clases medias, que ante graves crisis, entran en procesos de disgregación y proletarización.
¿Si el desarrollo es el nombre de la Paz?, el subdesarrollo latinoamericano es una situación injusta, promotora de tensiones que conspiran contra la Paz.
4.- Formas de opresión de grupos y sectores dominantes.
A veces, se da una expresa voluntad de opresión. Con mayor frecuencia, se observa una insensibilidad lamentable, de las clases más favorecidas, frente a la miseria de los marginados.
Pablo VI decía a los dirigentes: “…que su oído y su corazón sean sensibles, a las voces de los que piden pan, dignidad y justicia…”
Estos sectores dirigentes califican de acción subversiva, todo intento de cambiar un sistema social, que crea semejantes privilegiados multimillonarios.
5.- Poder ejercido injustamente por ciertos sectores dominantes.
Algunos miembros de los sectores dominantes, recurren al uso de la fuerza, para reprimir drásticamente todo intento de reacción.
Las justificaciones “ideológicas” van por el anticomunismo; ahora por el antiterrorismo o el antinarcotráfico. Mientras que las “prácticas”, se inclinan por la conservación del “orden”.
6.- Creciente toma de conciencia de los sectores oprimidos.
Toda la marginación, miseria, ignorancia y muerte descritas, resultan cada día más intolerables, por la progresiva toma de conciencia de los miserables, ante su realidad.
Pablo VI les decía: “…el problema se ha agravado, porque han tomado conciencia de sus necesidades y sufrimientos. Y no pueden tolerar, que esta realidad deba continuar, sin cambiar radicalmente…”.
La situación se agrava, si tenemos en cuenta que la educación de base y la alfabetización, aumentarán la conciencia; la explosión demográfica multiplicará los problemas. Además, existen movimientos, interesados en aprovechar y exacerbar estas tensiones.
Por lo tanto, si hoy la Paz se ve seriamente amenazada, la agravación de los problemas provocará consecuencias explosivas.
7.- Tensiones internacionales y neocolonialismo externo.
Nuestros países dependen de un “Centro” de poder económico. De ahí resulta que nuestras naciones, no son dueñas de sus bienes, ni de sus decisiones económicas. Todo esto influye demasiado en lo político, dada la interdependencia entre ambos campos.
Subrayamos dos aspectos: el económico y el político.
8.- Aspecto económico.
a) Distorsión creciente del comercio internacional
Se da entre materias primas y productos manufacturados; esta situación constituye una amenaza para la Paz.
b) Fuga de capitales económicos y humanos
Los sectores acomodados invierten sus ganancias en el extranjero, en los centros de poder. ¿Por qué? ¿ Buscando seguridad, lucro individual .? Este proceder es completamente injusto; el Papa Pablo VI lo denuncia.
Fuga de técnicos y profesionales. Cuántos médicos han marchado a España, en estos tres últimos años? Tendrá el gobierno alguna responsabilidad?.
c) Evasión de impuestos; y fuga de ganancias y dividendos.
Diversas compañías (nacionales y extranjeras), evaden con sutiles subterfugios los sistemas tributarios. Envían las ganancias y los dividendos al exterior, sin reinvertirlos en el país, en el que los producen.
d) Endeudamiento progresivo.
En los créditos internacionales, no se tienen en cuenta a veces con suficiente rigor, las verdaderas necesidades y las posibilidades de pago de los países latinoamericanos.- .
Por lo que estos países corren el riesgo de saturarse, con unas deudas que les chupan las ganancias y los dejan sin capital para invertir.
e) Monopolios internacionales e imperialismo internacional del dinero.
Los principales responsables de la dependencia económica, son aquellas fuerzas que inspiradas en el lucro sin freno, conducen a la dictadura económica y al imperialismo del dinero a nivel internacional.
Estas fuerzas fueron condenadas por los Papas Pío XI y Pablo VI.
9.- Aspecto Político.
En general, los Obispos denuncian el imperialismo de cualquier signo ideológico, que se ejerza en América Latina.
10.- Tensiones entre los Países de América Latina.
Un fenómeno histórico – político, pone trabas a una colaboración constructiva entre los países. Sin embargo la integración es una necesidad imperiosa para América Latina. Este proceso integracionista, debe tener un carácter pluridimensional. No es exclusivamente económico; abraza al hombre completo; por lo tanto incluye lo social, político, cultural, religioso y racial.
Factores que favorecen las tensiones entre las naciones latinoamericanas.
a) Un nacionalismo exacerbado en algunos países.
El Papa Pablo VI denunció el nacionalismo exagerado y lo consideró más grave, cuando se da en unas economías nacionales débiles, que exigen la solidaridad de esfuerzos, conocimientos y medios financieros.
b) Armamentismo.
En algunos países se da una carrera armamentista, que supera los límites razonables. Esta necesidad de armamentos es ficticia y responde a intereses diversos; y no a una necesidad de la comunidad nacional.
Pablo VI decía: “…cuando tantos pueblos tienen hambre, tantos hogares sufren miseria, tantos hombres viven sumergidos en la ignorancia, toda carrera de armamentos se convierte en un escándalo intolerable…”.
11.- Visión Cristiana de la Paz.
La realidad descrita constituye una negación de la Paz, tal como la entiende la tradición cristiana. Tres notas caracterizan la concepción cristiana de la Paz:
a) La Paz es ante todo obra de la justicia.
Exige la instauración de un orden justo, en el que todos/as puedan realizarse como hombres / mujeres; en donde su dignidad sea respetada, sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad reconocido y su libertad personal garantizada.
Un orden en el que los hombres / mujeres no sean objetos, sino agentes de su propia historia. Donde existen injusticias, desigualdades entre hombres / mujeres y naciones, se atenta contra la Paz.
La Paz en América Latina no es la simple ausencia de violencia y derramamiento de sangre; la opresión ejercida por los grupos de poder, puede dar la impresión de mantener la Paz y el Orden; pero en realidad no es, sino el “germen continuo e inevitable de rebeliones y guerras”.
La Paz sólo se obtiene creando un orden nuevo, que “comporta una justicia más perfecta entre los hombres / mujeres”. En este sentido el desarrollo integral del hombre /mujer, el paso de condiciones menos humanas a otras más humanas, es el nombre nuevo de la Paz.
b) La Paz es un quehacer permanente.
La Comunidad humana se realiza en el tiempo; y está sujeta a un movimiento, que implica constantemente un cambio de estructuras, la transformación de las actitudes y la conversión de los corazones.
La “tranquilidad del orden,” según define San Agustín la Paz, no es pasividad ni conformismo. No es tampoco algo que se adquiera de una vez por todas; es el resultado de un continuo esfuerzo de adaptación a las nuevas circunstancias; a las exigencias y desafíos de una historia cambiante.
Una Paz estática y aparente, puede obtenerse con el empleo de la fuerza; una Paz auténtica implica luchas, capacidad inventiva y conquista permanente. La Paz no se encuentra, se “construye”. El cristiano debe ser un artesano de la Paz.
Construir la Paz dada la situación anteriormente descrita, reviste un carácter especial en América Latina; para ello el Pueblo de Dios, siguiendo el ejemplo de Cristo, deberá hacer frente con audacia y valentía; al egoísmo, a la injusticia personal y a la colectiva.
c) La Paz finalmente es fruto del amor.
Expresión de una real fraternidad entre los hombres / mujeres; fraternidad aportada por Cristo, Príncipe de la Paz, al reconciliar a todos los hombres / mujeres con el Padre. La solidaridad humana no puede realizarse verdaderamente sino en Cristo, quien da la Paz que el mundo no puede dar.
El amor es el alma de la justicia. El cristiano que trabaja por la justicia social, debe cultivar siempre la Paz y el amor en su corazón. La Paz con Dios, es el fundamento último de la Paz interior y de la Paz social.
Por lo mismo allí donde la Paz social no existe; allí donde se encuentran injustas desigualdades sociales, políticas, económicas y culturales, hay un rechazo del don de la Paz del Señor; más aún, un rechazo del Señor mismo.