El cooperativismo al igual, que otro tipo de asociaciones y organizaciones de carácter socio-económico, intenta agrupar a una serie más o menos grande de personas naturales, que compartiendo tareas, trabajos y preocupaciones comunes, pretende de manera conjunta y solidaria dar respuesta, a todo ese cúmulo de carencias y urgencias que padece la población.
Este tipo de organización no actúa mágicamente por el mero hecho de usar su nombre. Presupone, como cualquier otro invento de coordinación medianamente responsable, una no pequeña cantidad de condiciones objetivas y subjetivas, que posibiliten y faciliten la viabilidad del proyecto.
Hablando con los pies bien asentados en el mero suelo “tierruíto”, les pregunto: ¿a qué enemigos imperiales piensan ustedes, que se deba, el hecho tragicómico pero real, pedestre y silvestre, de que en estos últimos seis años, hayan desfilado camino al cementerio y para estos momentos se encuentren acostaditas en él, no menos de ciento cincuenta mil cooperativas mondas y lirondas? ¿Será que algún día llegará para ellas el juicio final y resucitarán vivitas y coleando para entonces Sí! disfrutar de una vida en plenitud, al servicio de los asociados resucitados también?
Con toda esta semiparodia, condimentada con una cierta dosis de ironía, pretendo provocarlos un poquitico, de forma que se interpelen a sí mismos y a su vez se respondan, acerca del ¿por qué nos topamos con inconmensurables cementerios de supuestas organizaciones Populares o Populacheras? ¿Populistas?
¿Dónde están los círculos bolivarianos y los saraos? ¿Qué me dicen ustedes de los fundos zamoranos? ¿Y de las cooperativas socialistas? ¿Saben algo, de las empresas de producción social? Y ¿qué me cuentan de las organizaciones autogestionarias o cogestionarias? Y con relación a los Consejos Comunales, ¿cuántos años de vida les dan ustedes?
Hablando medio en serio, podemos sospechar que para que, todo este tipo de organizaciones arranque y se sostenga con una vitalidad fecunda, son precisas varias condiciones. Una de las primerisimas consiste en que deben surgir de abajo hacia arriba y no al revés. No se trata de que algún iluminado funcionario público haya tenido una visión nocturna, que le indica con precisión matemática, las soluciones perfectas para el barrio Zutanejo.
El tal funcionario y los otros miles de funcionarios, tienen que auscultar la realidad, compartiendo con los supuestos beneficiarios de los proyectos. Y además de oírles y escucharles, deben guiarse por lo que la comunidad realmente decida, que son sus máximas prioridades.
Si los proyectos se diseñan, desde el centralismo más sibarita y desconectado de los barriales, tremedales y lodazales, tengan por seguro, que los tales proyectos durarán lo que tarda en cantar un gallo; es decir, de poco a casi nada. Otra de las gruesas realidades, que ustedes describen como “música paga no suena”, funciona a la perfección en el mundo de la organización popular. Si Papá Estado se baja de la mula, y sin mayores contraprestaciones, facilita ciertas cantidades significativas de recursos económicos, pueden estar ustedes, más que súper convencidos de que estos recursos, se convertirán en el título de una “anciana” película titulada: “Lo que el Viento se llevó”.
¿Qué sendero podemos recorrer en este particular? Muy sencillo. Los interesados en cualquier tipo de proyecto socio-económico tienen que visualizar con meridiana intuición, que lo imprescindible para arrancar es algo que se conoce como Capital. Y ese bendito capital debe comenzar saliendo, de los bolsillos de los susodichos asociados al proyecto. Si a ninguno de los implicados le duele la billetera porque no ha colaborado, ni con un bolívar débil; va a tornarse bien cuesta arriba que se comprometan con la sostenibilidad del proyecto u organización.
Me dirán que es imposible formar un capital con puros pela-bolas; les replico que tengo una experiencia de treinta años trabajando con campesinos caficultores, de la parte alta de Lara, paradigma casi perfecto de la pobreza “letal”. Y aunque ustedes no lo terminen de asimilar, estos campesinos que son setecientos, poseen 1.600.000 Bolívares fuertes de capital propio, y además son dueños de unos muy significativos Activos como lo son tres galpones, clasificadoras, trilladoras, pulidoras y hasta un par de mini-tostadoras.
Otro elemento crucial para que cualquier tipo de organización, sea sostenible en el devenir histórico, es el decidido “compromiso vital” de los inspiradores, acompañantes o facilitadores. Si bien no estamos soñando, por ahora, con habitantes de Marte, aunque quién sabe; es evidente que los propulsores del proyecto organizativo, deben ser personas que además de manejar con soltura la faceta técnico-científico-administrativo-contable; igualmente deben ser expertos en motivación, liderazgo, capacidad de ponerse en el lugar del otro, afinidad con el sacrificio, solidaridad, sencillez y hasta austeridad.
Estamos de palabras y discursos, promesas y planes, hasta los mismísimos confines del alma y el corazón. Necesitamos más que urgentemente personas enamoradas, convencidas, ilusionadas; dispuestas a solidarizarse con los desheredados de esta tierra; porque creen a ciegas en valores como la honestidad, transparencia, lealtad, verdad, sacrificio, igualdad y fraternidad.
Para nada nos sirven la mayoría de los funcionarios chimbos, sin mística, sin valores, y en todo caso con un bagaje de contravalores del espanto “pál” brinco. Ahora bien les pregunto mis estimados oyentes, saben ustedes, ¿en qué bodega, pulpería, farmacia, Universidad o Iglesia se consiguen los susodichos valores? Pues si lo conocen les agradecería que me lo comunicaran a la brevedad posible. Como decía una de mis abuelitas: “…obras son amores y no buenas razones…”; es decir: que las palabritas bonitas se las lleva el viento, mientras que el líder verdadero debe ir adelante con el ejemplo de su vida real.
Podemos añadir otro elemento indispensable, para que de verdad la organización camine y lo haga de forma transparente. No podemos seguir a estas alturas del partido, pensando en Presidencialismos Mesiánicos, o en salvadores místicos de las comunidades. Ni la sola directiva y muchísimo menos el presidente en solitario, podrán llevar adelante el proyecto, si no son capaces de incorporar a una buena proporción de los asociados e inclusive a los vecinos de la comunidad.
Y los asociados deben caerse de las nubes, sacudir la flojera y convencerse de que ya va siendo hora y más que pasada, de arrumbar en el baúl de los recuerdos, el paternalismo y la dependencia que a la final nos llevan, a los desastres por demás conocidos y padecidos por casi todos nosotros; Da la impresión de que no queremos reaccionar y colocarnos unas pilas halógenas.
Cuanta más participación “haiga” muchísimo mejor, y desde luego que todo este tipo de trabajos organizados, requieren con urgencia de un equipo sólido y hasta plural, que asegure los debidos contrapesos, capaces de regalarnos la honestidad y el justo y eficiente manejo de todo tipo de recursos.
Otro de los distintivos más típicos de estas organizaciones, cooperativas o no, al servicio desinteresado de las gentes, que sufren verdaderas penurias, es el énfasis en el fomento de una participación de calidad, lo que supone un pluralismo a prueba de submarinos atómicos; y que nada tiene que ver con ese parlamentarismo de calle o de tasca? Más teledirigido que los cohetes de la NASA.
Ya dijimos algo con relación a los responsables de cualquier tipo de organización y de su ejemplo de vida militante e inclusive familiar, que debe ir por delante del grupo, enseñando el camino y aportando razones más que suficientes para confiar, esperar y continuar la lucha.
Un colega y gran amigo de desvelos organizativos, solía echar mano con frecuencia de una frase chistosa, que además de provocar una sana risa, dejaba en el aire la sospecha de que los interesados en la propuesta organizativa, deberían ser los primeros dolientes y demostrar a fondo su compromiso solidario y disciplinado. Decía mi amigo: “…Llueva, truene o relampaguee, vivos o “mueltos”, estaremos alerta y llegaremos puntualmente al sitio de la reunión, por más que no haya carro o el camino sea una autopista de barro…”.
Otra de las realidades indispensables para que cualquier proyecto organizativo, tenga vida y la tenga en abundancia, es la existencia y funcionamiento idóneos de la tarea contralora. Esta contraloría crítica y exigente, debe servir de contrapeso al poder que otorgan las leyes y los “riales”, a los ejecutivos y directivos de cualquier organización.
Ustedes piensan que si colocáramos a un grupo de arcángeles y querubines al frente del manejo de jugosos presupuestos, sin ningún tipo de control, estos seres celestiales quedarían indemnes, es decir lavaditos y perfumados, sin haberse contaminado con el vil metal? Pues si así lo vislumbran andan bien perdidos en la silenciosa llanura, ya que ni ellos se resistirían a semejantes tentaciones. Y si esto es así y pareciera como que Sí lo es, díganme cómo se explican que organizaciones que son manejadas no precisamente por serafines, querubines y tampoco por ángeles, carezcan “insolutamente” de contrapesos contralores oposicionistas?
Ahora les voy a describir dos o tres situaciones frecuentes en los imaginarios oficialistas y que son compartidas por la mayoría de los republicanos que conforman las Organizaciones Populares de Base. Evidentemente también por los opositores.
La primera de ellas que podemos llamar Nominalismo, viene siendo hasta una corriente filosófica, que defiende la posibilidad de cambiar las realidades concretas del discurrir diario, modificando el nombre de esas entidades. Estaríamos hablando poco menos que de una especie de lo que la Iglesia Católica conoce como Sacramentos y que por cierto son siete.
Así como celebrado el rito del Bautismo, la criatura queda limpia de todo pecado por el Amor de Dios, no de otra manera al nombrar al antiguo CPTJ ( Cuerpo de Policía Técnica Judicial) con las novedosas siglas: CICPC (Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas), habríamos transformado radicalmente ese organismo policial. En consecuencia su desempeño futuro sería totalmente distinto y perfeccionado con relación al pasado. Ya no sembrarían drogas ni armas a los “supuestos victimarios”, mucho menos falsificarían expedientes y en adelante la tortura sería cuestión de los libros envejecidos de la Historia Patria. Como ven la maravilla llega a milagro de los grandotes, basta con cambiarle las siglas, y el organismo se metamorfosea al instante, y a muchísimo mejor.
Cómo recuerdan al IAN (Instituto Agrario Nacional)? Posiblemente tengan la percepción de un Organismo “monstruito”, administrador de millones de hectáreas totalmente incultas e ineficientes. Ah!, pero eso no significa problema alguno en especial. Ahora le cambiamos el nombre y en adelante lo conoceremos como INTI (Instituto Nacional de Tierras); de esta forma y automáticamente todos los vicios del pasado que eran cuasi-infinitos, se transmutan en virtudes por arte de la magia blanca.
Ahora vamos a disertar brevemente, acerca de otra de las mágicas visiones, del imaginario también oficialista. Podríamos llamarla el Leguleyismo. Según esta propuesta simplificadora de la demasiado compleja realidad, los conflictos se resuelven “facilito”, modificando las leyes, y eso de manera automática.
Claro está que estos teóricos del Leguleyismo, nunca se enteraron de que hace ya más de veinte siglos, el hermano Pablo de Tarso, alias San Pablo, afirmaba que la Ley no salva, sino que en todo caso mata, juzga y condena.
El asunto no es tener las mejores leyes del Universo-mundo; por cierto en materia de Derechos Humanos la Constitución del 99 prácticamente es insuperable. Sin embargo nos hacemos esta ingenua pregunta: ¿El primer derecho humano es la Vida? Por supuesto contestan los legisladores al unísono. Entonces se supone que con esa “perfección viviente” conocida como Constitución del 99, no habría ningún muerto a lo largo y ancho de la República, o en todo caso unos 20 o 30 al año?
Pero ustedes, conocen perfectamente que el año 2.007 terminó con unos 13.000 asesinatos y eso siendo conservadores optimistas. Y entonces? Qué es lo que resuelven las inefables Leyes?
José Antonio Ciriza. S.J.